viernes, 19 de julio de 2013
Hormigas
Conocí a una niña muy especial, siempre lloraba lágrimas de cristal. De cristal digo, porque eran transparentes y así como uno puede observar toda una ciudad resplandeciente con todas sus luces y edificios desiguales desde un décimo quinto piso; yo podía observar cada uno de los momentos que lagrimeaban sus ojos. Es raro que justo ahora me detenga y memore acerca de ella, pero resulta que cuando puedo lograr mi giro hermenéutico, un sesenta por ciento de lo que decía, lo encuentro en mí. Y a la vez, no era sólo su mirada la que translucía su forma de ser, si no que tenía un ángel para no tener que decir mentiras, de modo que en cada ocasión en la cual se encontraba rodeada de tramullos, solía salir corriendo a buscar alguna hormiga. Por alguna extraña razón, sentía una simpatía hondísima hacia esas pequeñas e incesantes trabajadoras. No sé si era por su ritmo o por que no se permitían parar. Ahora hago un "alto" y pienso...¿acaso no era ella otra hormigas?
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