viernes, 30 de noviembre de 2012

El hombre que conquistó la luna

Una escalera marcaba el camino que debia seguir, pero los véstigos de lo que alguna vez había sido cobardía no me dejaban avanzar. Era realmente tragicómica mi realidad, increible es dar un paso al costado estando conscientes de que hemos elegido la mejor opción, para fijarnos qué fue lo que habíamos estado haciendo paso a paso. Entonces, descubrimos que al fin de cuentas, cruzamos un arco de fuego con los ojos vendados, saltamos ante el precipicio del suelo que amenazaba con hundirnos, contuvimos la respiracion en nuestros pulmones inchando de aire nuestros cachetes con una expresión forzosamente ridícula, y atravesamos dos millones mas de pruebas; para llegar donde estamos.
 Pero claro, así y todo ¿Quién en su sano juicio está confiado al momento de bajar la luna? Absolutamente nadie, obvio es. Aunque, si disculpan mi atrolondramiento, puedo agregar que yo no era una persona de lo más sensata (no lo soy, jamás lo seré), asi es como decidí vencer mi temor y con entusiasmo coloqué el primer pie en el escalón correspondiente, miré hacia arriba y pude observar un juego de luces y nubes yuxtapuestas  danzando coloridamente en el espacio, relatando la sublimidad en su belleza, podía observar la forma en que se desprendían y quedaban caprichosamente enlazadas con el azul del cielo, el que amenazaba con cambiar su visualización. Supongo que pasaron minutos (en mi ser esos minutos duraron días, meses) hasta poder desprender de mi iris la maravillosa visión, para poder subir el escalón siguiente, y así lo hice. Esta vez, volví a alzar la vista al cielo pero con la diferencia en que el segundo impacto iniciaría la costumbre, y así perdería el asombro del primer encuentro. Para mi deslumbramiento temprano, cuando alcé la vista, las nubes yuxtapuestas habían desaparecido, al igual que el cielo azul y mi encandilación, esta vez, permaneció. Arriba, en las alturas, pude distinguir el azul oscuro y penetrante de la noche. Cómo olvidar que mi misión había sido tan meticulosamente planificada en el momento, tal que había decidido emprender mi misión en el crepúsculo y cuando quiera robar la luna, morfeo caería sobre los tejados de las casas de los más insomnes. Las estrellas fueron mi redención, sentí que el Dios del cual todos hablan, estaba de frente a mí, que los pobres babosos lacayos comunes esta mañana despertarían, orarían a sus pies y pedirían su voluntad. Pobres gentes. Yo estaba allí, de pie (o, mas bien, inclinado por los escalones) violando su voluntad, observándolo de pies a cabeza, embobado ante semejante majestuosidad y benevolencia, profanando el "creer sin haber visto", yo creía y lo veía.

 Entonces, volví con un esfuerzo indescriptible a subir el último peldaño de la escalera (mis alas habían ayudado bastante en mi tarea de asunción) y me encontré de frente al astro majestuoso, a la musa de genios, al lucero primero. La luna gritaba ante mi faz palabras que yo no entendía, ni hubiese entendido nunca, me hablaba de la belleza y de la amistad, y yo desconocía todo en cuanto de eso se trataba, me habló del tiempo y de los años , de cuán desesperadamente necesario era para ella un compañero de los que la invocaban cada noche con sus cancioneros incendiarios de las pasiones más remotamente escondidas. Me hablaba de cuántas veces se habían enamorado de ella y no la habían dejado más que reciprocidad de su parte, pero nunca pudieron llegar a ella, porque realmente jamás lo habían siquiera intentado.Me habló del hombre valiente y cobarde. Me habló de la mujer sublime y perversa. En un momento, llegué a creer que esas confesiones eran lo más abominable del mundo. ¿Cómo iba a dejarme sin dudas? ¡Yo después, cómo conseguiría sobrevivir!. Decidí inmediatamente bajar y no regresar jamás. Me cercioné de quemar la escalera, hacerla añicos y olvidar lo acontecido.
 Hoy, después de cinco días sin comer, dormir, o deletrear palabra alguna; comprendí que las confesiones que la Luna me había hecho, no podían quedar calladas, pero tampoco hubiera estado bien que deje a la tentación inmiscuirse en mis asuntos y me hiciese jactarme de que había conocido a la Luna luego de haberla abandonado. Asi es como, decidí dejar aquí mi paseo memorable, dejando en evidencia mi locura y los conocimientos que de ésta obtuve.
 Tómelo u tírelo. Aquí están mis sucesos, perdonen a este tonto. pero la Luna casi roba mi humanismo. ¿Qué soy yo, si no un manojo de imperfecciones? No podría nunca permitir que permutan mi naturaleza.


1 comentario:

  1. Me gusto muchísimo este relato, de a momentos se vuelve intrigante y en ciertas expresiones realmente uno sentía que lo estan transportando hacia el sendero al cielo. Muy lindo muchacha, seguí expresándote! Manu.

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