martes, 12 de junio de 2012

Paraiso


Estaba sentada contemplando el paraíso. Se asomaba frente a mis ojos a través de esa selva verde, llena de flores rosas y blancas, con ángeles dibujando rostros uniformes (aunque distintos) y bellos, mis ojos vagaban deleitándose con el placer de presenciar aquellas hermosas obras... sólo quería poder alcanzarla, y eso intenté. Asomé mi brazo y traté de alcanzar ése ángel alado y maravilloso que se insinuaba como una diosa frente a mí; pero lo único que conseguí fue que mis uñas rasguñen algún tipo de cristal que me separaba de aquella belleza ( lo que no logró que deje de rasguñarlo).
 Era tan maravillosa mi libertad en aquel momento, hacía sólo una hora esa pequeña hada me había dejado frente a este extraño y misterioso paraje por el cual me estaban invitando a recorrer la belleza por la belleza misma, yo estaba muy a tono de mi situación. A pesar de ser sólo una mortal, era una creación divina, y nadie podía sacarme mi condición de tal, por tanto esta visión era tan mía como del alado presente. No sabía cómo hacer para poder inmiscuirme aún mas en ese lugar... el maldito cristal que me subordinaba y el tiempo que indicaba que en sólo un cuarto de hora vendría de nuevos el hada, pero esta vez no vendría para llevarme a un lugar soñado o que desafíe mis sueños; si no que, me llevaría nuevamente a mi prisión. Demasiado blanca, demasiado sin color, demasiado triste, demasiado sofocante; y era ésto mismo lo que despertaba mis ataques de furia. Ella me quería llevar a dormir, porque después (a eso de las seis de la tarde) venían lo que ella llamaba "visita", yo lo que veía, era un ogro malvado que tenía un arma demasiado  temeraria (un pequeño hilo que se sostenía sobre sí, terminado en una punta, metálico, y todo lo de mas era una especie de tubo de plástico con algún contenido líquido dentro). Aunque ese ogro me inspiraba mucho temor, ese arma que inyectaba en mi brazo, siempre me hacía sentir un poco mejor... eso decían... pero cada vez que hacían eso, me costaba más volver a este maravilloso lugar, es mas, me transportaba a un sitio completamente distinto, había una cama y menos colores que antes, habían personas tristes, mirando hacia la nada, ancianos, que jamás habían visto lo que yo. A algunos de ellos les hablaba cuando iba allí, pero ellos no me respondían, yo sé que sufrían mucho en ese lugar, sus ojos hablaban.  Lo más extraño era cuando venían otras personas de diferentes edades a verlos, porque ellos ya no estaban tan desolados, pero aún así no los reconocían. Yo tenía una sensación de vacío inmensa cada vez que los observaba, porque algo me decía que yo no estaba muy  lejos de aquella situación, pero justo entonces volvía al paraíso.
 Pero estaba desesperada rasguñando el cristal, y nada. De repente, escucho  y siento.
-Angélica, basta- dijo tomando mi mano- ¡Ajá! no me había dado cuenta, te entretuviste mirando esta mariposa eh?. Siempre pasan por acá, no la podés agarrar, está del otro lado de la ventana... mirá, está lloviendo... vamos a dormir que pronto vendrán visitas, al doctor no le gusta que no descanses bonita... vamos.
 Una vez mas el hada me convenció, y arrastrando mis pies resignados, volví a mi habitación.



No hay comentarios:

Publicar un comentario