Debe ser que cuando alguien es pequeño, suele perder las cosas tan fácilmente que nunca sabe en realidad si alguna vez las tuvo realmente, o tal vez que no hacen falta tantos chucheríos para satisfacerse, o bien, jamás hicieron falta, pero en esos momentos se ve más expresamente la superfluidad del asunto. El punto es que, lo que se me había perdido, no era como en aquellos tiempos de oro, un automóvil de juguete, un chocolatín, la moneda que mi abuelo me obsequió hace cinco minutos, no . No, no, no. No era nada de eso. Lo que a mí me hace falta es algo mucho mas importante, de vital importancia, inclusive la primordial cosa que jamás podríame faltar, algo un tanto pequeño entonces y aunque ahora no tan pequeño, siempre guarda su inocente pequeñez, y es algo que la hace aún más hermosa.
Sí, se perdió, o mejor dicho, dejé ir a mi maravillosa princesa. Ella con sus esplendorosos rizos rojizos cambió mi vida por completo, en el primer baile que mis ojos se interpusieron con su sutil ternura mi corazón quedó irremediablemente atado a su peculiar poder que en lugar de contraer cada músculo y expresión, hace que un gran escalofrío recorra mi cuerpo y se instale en cada ala de mi ser, el único músculo que actúa rápida e incansablemente es mi corazón, que suspira de emoción y regocijo hacia su presencia. Es increíble su capacidad de transportarme de un lugar a otro con sus enormes y deleitantes ojos avellana, que me llevan, me traen, arrastran y hacen lo que quieren de mí; no conozco la sensación de un golpe de aire precipitándose en mi fas por el hecho de despegar con un par de mágicas alas, pero sus ojos son el escape mas cercano a ello. Perfectas son las curvas de sus labios, dibujan la pasión que siento por ellos cada vez que los observo, cada vez que me tiento, cada vez que me provoca su sola existencia. Todo esto, sin más que en el marco de la personalidad más tímidamente indicada. Y así lo hizo, lo hace y lo seguirá haciendo. Ella me construye. Por eso, cada vez que la veía, me volvía loco, totalmente desquiciado, he perdido la cuenta de cuántas estupideces he hecho o dejado de hacer sólo por estar en su compañía o por llamar su atención: para luego quedar rendido, netamente hipnotizado. De nuevo, su cabello, sus ojos, su boca, su personalidad, sus efectos. Todo junto, ella es el remolino de mi vida.
Incesantemente la busco. La dejé ir. Estaba aquí, y se fué. La perdí, la encontré, la dejé ir, y espero que vuelva pronto porque, francamente, no sé en qué lugar desesperanzado encontrará mi alma tranquilidad sin su armoniosa presencia.

Este Es El Que Mas Me Gustó :)
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