jueves, 26 de abril de 2012
Un esposo de papel.
¿Qué podría reprocharle? Al fin y al cabo... siempre me había acompañado, me escuchó, se quedo frágil e inmóvil, siempre predispuesto a escucharme. Cuando tuve miedo, se acercó (aunque sin moverse, pues no era su fuerte) y con su rigidez me demostró que cualquier titubeo mio era infundado, era tonto e insensato, ¡Qué idiota! ¿cómo podía conmoverme? por eso... por esa pequeñez. Él no.Nunca se inmutaba. No tenía misericordia ni del monstruo más atroz, era todo inamovible. Nada cambiaba la realidad, nada. Tal vez era eso lo que me molestó desde un principio, aunque otras veces haya sido la razón de que siguiera de pie, sostenida. Esta vez desató mi ira. No podía vivir mas con su silencio. No podía vivir más con sus silenciosas mentiras. ¿Tan oscuro era su pasado? ¿Tan perturbante? ¿No era capaz de arrebatarlo, solamente esta vez, para complacerme?, fue como vivir con un muro. Rígido. De pie. Quieto. Me sofocaba la situación. ¿Qué más pude hacer si no aventarle ese forero que una vez pensé que él había dejado en mi puerta?. Entonces me dí cuenta, desperté. Se rompió su figura y pude observar sus pedazos separados. Era él, era mio. Como nunca lo había sido, sin más secretos. Se rompió y ví a través de el ese muro, ese inmenso y frío muro que conformaba lo que quedaba de su postura.
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