Tengo un pequeño problema. Se me ha derramado hace ya mucho tiempo. Con un par de tijeras, tres listones (uno celeste, otro violeta y el último naranja), un poema de rabietas, tres besos juguetones y cuatro cálidas caricias fue recorriendo cada presencia en mi vida y desordenó todo a su alrededor. Es un diminuto caos que invade mi cabeza y se adueña de mis horas. Una pequeña muñequita con cabellos de oro y sonrisa de cristal ¿Qué más quisiera que adueñármela? De noche, sueña con palacios expectantes , divididos en tres torres y con banderines por doquier, que de emblema poseen un corazón. Amo cada enojo de mi pequeña desastrito, incluso los berrinches más caprichosos se tornan excelsos con sus ojos color caramelo lloviendo gotas de mar.
No podría imaginarla un centímetro distinta, ella es así. Cambiarle un riso de lugar, equivaldría a reemplazar un trigal por un maizal y ya no tendría la misma sutileza, la misma gracia, en sí, dejaría de ser mi maravillosa muñequita de cristal.
Te retendría años luz amarrada a mi corazón, sin dejar a nadie verte ni abrazarte o si quiera conocerte, el caso es que... yo también tengo que crecer.
Te amo.
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